Sandró de cheguem
Sandró de Cheguem es el título original de la fabulosa, entretenida y excelente novela (¿novela?) de Fazil Iskander publicada por Automática Editorial en octubre de 2017. Casi un total de novecientas páginas agrupadas en una recopilación de cuentos, casi todos ellos en torno a la figura del Tío Sandró, que recorre, a través de los azares de este personaje y sus convecinos de la ficticia aldea de Cheguem, casi un siglo de vida del pueblo abjaso bajo el estado imperialista, ya en sus estertores, como después bajo la terrible represión stalinista y más tarde con posteriores gobiernos en el Kremlin.
¿Tiene género esta obra?
No es costumbrista, no es picaresca, no es histórica ni de denuncia social pero es a la vez todas estas cosas desgranadas sutilmente en sucedidos, anécdotas e historias de los habitantes de Cheguem.
Una aldea ubicada en Abjasia, cerca de la costa del Mar Negro, donde los ritmos de la vida los establecen los tiempos de siembra y de cosecha, las heladas, las castañas maduras y la producción de queso de cabra.
Fazil Iskander, con una prosa en ocasiones poética, en otras casi satírica nos pone delante de los ojos la realidad cerril de una nación que, con la inercia de las costumbres de siglos, lejos de los despachos donde se diseñaron los koljoses, sortea los dictados stalinistas a ritmo de danza cosaca.
Pero repito, la denuncia política está, juguetona, escondiéndose entre las líneas donde el Tío Sandró se va a amenizar las fiestas de Stalin en sus vacaciones o aquellas en que su sobrino periodista (personaje que se supone nos relata esta historia) se libra en más de una ocasión de las denuncias y la represión escribiendo artículos sobre una cabra endémica tan socorrida como inexistente.
Por qué la recomiendo
Me he vuelto a reír en alto leyendo una novela. No lo hacía desde “Wilt” de Tom Sharpe, y ya ha corrido la tinta. No es que la novela lo pretenda, es que la ironía que rezuma a veces te deja tan perpleja que te hace sonreír e incluso reír.
Aunque fuera de contexto, por ofrecer un botón de muestra, reproduzco aquí un párrafo en que Sandró le muestra su pasaporte a una estricta y suspicaz funcionaria para acceder a una fiesta en donde se encuentra el camarada Stalin:
“ La mujer examinó el pasaporte, lo cotejó con una lista, después observó varias veces, detenidamente, al tío Sandró, procurando detectar rasgos ajenos en su semblante.
Cada vez que se fijaba en él, el tío Sandró se quedaba inmóvil, impidiendo que los rasgos ajenos se manifestaran y tratando de conservar en su rostro una expresión de parecido natural consigo mismo.”
Si escribo esta opinión en mi blog es porque honestamente pienso que este libro se merece más difusión de la que, me parece, ha recibido desde su publicación.
La ignorancia es atrevida, es lo que tiene. Y mi desconocimiento del autor y de su obra me lleva a creer que está oculto en los anaqueles de las librerías cuando probablemente lo único oculto y tal vez inexistente sea mi conocimiento de la literatura rusa contemporánea.
Pero ¡celebremos el descubrimiento aunque no sea tal!
Fazil Abdulóvich Iskander (1929-2016) y su obra lo merecen. Aunque solo fuera por llegar a la lectura del prefacio a esta obra, escrito por él mismo.
No, no os quedéis ahí, pasad las páginas curiosos y zambullíos en esta obra maestra que me ha dado mucha felicidad en mis momentos de ocio y un par de ilustraciones inspiradas en ella. La que abre este post, sobre un pasaje de la historia, que está realizada en técnica mixta, gouache y digital, y la que lo cierra, un retrato del autor realizado a carboncillo y conté blanco sobre papel tintado.
No puedo dejar de mencionar al traductor de este voluminoso libro, Fernando Otero Macías (¿qué sería de nosotros los lectores empedernidos sin la labor de los buenos traductores?) y al artista (lo cortés no quita lo valiente) que ilustra la portada David Montero Eugercio.
Para terminar me gustaría aclarar que no conozco a nadie de esta editorial y este artículo nace del agradecimiento que también suelo expresar con aplausos en un teatro o en un concierto ante la obra bien hecha y que esponja mi corazón (perdonad la cursilería pero es lo que siento). Es más, yo la he leído en un ejemplar sacado de la biblioteca Pedro Salinas de Madrid. Pero también es verdad que ya he regalado otro a un buen amigo.
Descubrí este libro en Instagram de casualidad. Una buena publicidad de la editorial. Tomemos nota.
Cierro este post con un retrato del escritor Fazil Iskander. Gracias, gracias Fazil (si me permites que te tutee)