ser feminista

A las que luchan por la igualdad

Porque a día de hoy todavía bajo la cabeza si un hombre me mira a los ojos en la calle, porque todavía los libros de Historia y de Arte siguen escribiéndose con nombres de varón, porque, aún hoy, millones de niñas no tendrán oportunidad de decidir su futuro, su ropa, su marido. No podrán defender la integridad de su cuerpo y se les practicará la ablación, se les hará responsables de ser víctimas de su violación, se les recriminará su forma de vestir, de maquillarse, o de no hacerlo. 

Porque hay millones de mujeres que no hablan si no lo permite su marido o su hermano o su padre, que no reciben educación por ser mujer, cuyos cuerpos son tomados como botín de guerra. Porque hay millones de mujeres que reciben un sueldo inferior al de un hombre en igualdad de condiciones solo por el hecho de ser mujer.

Porque, cuando nace un bebé, en muchas sociedades de este mundo nuestro se prefiere un varón y en muchas ocasiones, se sacrifica a la niña.

Porque las aulas de las Universidades están ocupadas principalmente por mujeres, no así los puestos de dirección, ni los rectorados, ni las presidencias de las instituciones.

Porque en cuestión de dioses, Alá y Yahvé y el dios cristiano, todos tienen representaciones masculinas así como hombres son todos sus profetas y sus sacerdotes. Y en todas ellas, la mujer tiene un lugar secundario y siempre supeditado al hombre.

Y porque en la civilización occidental se pervierte la lucha de la mujer por la igualdad y, al alcanzar puestos de responsabilidad, la mayoría de las veces se replican comportamientos masculinos de competitividad y autoridad por no ser tildadas de débiles o pusilánimes.

Porque la mujer, durante milenios, ha puesto sobre la mesa en los hogares un plato de comida y hoy se cuentan con los dedos las grandes chefs en los mejores restaurantes de todo el mundo. ( ¿Ha visto alguien el anuncio de Estrella Damm?)

Porque la mujer hilaba y cosía, y cose, pero la mayoría de los modistos son hombres.

Por tantas otras cosas que no hace falta ni mencionar aquí soy feminista y no veré el día en que la igualdad entre mujeres y varones sea real.

Mientras tanto, gracias a todas las que luchan por la igualdad. A todas las que a riesgo de recibir una bofetada real o metafórica, no se callan, no sufren en silencio, no aguantan sin quejarse, dicen su verdad, exigen sus derechos, deciden por sí mismas.

Y perdón por tantas veces en que me callé ante una falta de respeto, cuando tocaron mi cuerpo sin yo permitirlo, cuando me ningunearon en una conversación.

Y gracias a todas, y cuando digo todas me refiero a las personas, mujeres y varones que cada día actúan en su vida cotidiana con el convencimiento de que un mundo justo e igualitario es mejor.

Y para decirlo de una forma más hermosa, poética y valiosa que la mía, reproduzco aquí el exquisito poema de la escritora Beyasan titulado “La mujer y el minuto” escrito en mayo del 2020.

La mañana, en su primer bostezo, encuentra a la mujer despierta. 

Pueder que nunca duerma. 

Hace horas  seo siglos

que su cabeza camina

por sendas de barro, 

recoge piedras, 

las carga a la espalda

en un costal sin fondo, 

corta las zarzas 

que le cubren los ojos

y espanta  bestias que sujetan 

sus muñecas con fauces apretadas. 

Para levantarse esta mañana

que es la hermana 

de todas las mañanas 

y también el infinito mañana

de toda esperanza, 

debe reunir la fuerza de tormentas, 

limpiar agravios, 

demoler ninguneos 

y archivar viejas heridas 

porque tantas veces se ha sentido

historia devastada y olvidada. 

Toda una vida

levantando trincheras, 

construyendo 

sobre ruinas interminables

de sí misma o de las otras… 

Ha soñado que camina sobre rosas… 

Pero en tan solo un minuto, 

se transforman

en candentes brasas 

y vidrios rotos 

con las puntas hacia arriba. 

También con ser un ave migratoria que surca horizontes, 

dueña y señora de su voluntad, 

libre de sambenitos depredadores… 

y en tan solo un minuto

las argollas del miedo

ciñen su cuello. 

La ventana del mundo 

se hace tan pequeña 

que estrangula su luz 

y su optimismo. 

Es es una pesadilla ancestral 

elaborada por costumbres 

y sinrazones, 

contra la que se ve obligada 

a luchar con todas sus fuerzas. 

Pero tras aquel minuto

vendrán otros, 

y detrás de cada minuto 

habrá rosas, hogueras 

horizontes, cadenas, 

piedras, zarzas y bestias. 

Ella que es una multitud

se levanta como 

tantas veces lo hace 

en este relato redundante

y comienza a caminar sobre 

el hilo quebradizo de vivir… 

consciente de que dentro de sí 

hay una lámpara encendida

que habrá de proteger

contra viento y marea,

contra pronósticos medievales

y pestes nefastas.

Así, habiendo amanecido 

de la oscuridad pasada y futura, 

sabe que hasta en el último minuto… 

Puede ganarse la batalla.

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