Rumpelstilskin

o compadecerse para perder

«La hija del molinero puede resultar particularmente inquietante para quienes buscan en los cuentos de hadas una orientación moral para los niños, pues su trama se centra en el engaño y la codicia.”

 Tatar, María. (2004)  Los cuentos de hadas clásicos anotados. Barcelona: Ed. Crítica

Así describe María Tatar en su libro “Los cuentos de hadas clásicos anotados” la trama del cuento también llamada “Rumpelstilskin”.

Y tiene razón, puesto que hay en ella un molinero embaucador, un rey avaricioso, una hija del molinero pusilánime y acomodaticia y, contra todo pronóstico, un personaje que muestra compasión y fatalmente termina partido en dos por la ira. Esto último así es, al menos, en muchas de las múltiples versiones que podemos encontrar.

Personalmente siento empatía por ese duende risueño y saltarín, único en toda la historia que juega limpio y mantiene su palabra. 

Por eso, cuando me planteé realizar una única ilustración de este cuento, deseché en primera instancia una escena en que el molinero, que se pavonea de virtudes de las cuales carece su hija, parece que se la está vendiendo a un rey codicioso que ya está haciendo cuentas de los réditos que aquella le puede dar.  

Rey codicioso
El rey codicioso y calculador
El molinero pretencioso

Un duende no es un ser humano

Quise centrarme en las características de un duende, que como todos los duendes del folclore europeo, travieso, divertido, porfiador, ve en la fatua pretensión del molinero, una oportunidad de jugar con los humanos y ponerlos a prueba.

Los seres feéricos no se rigen por las leyes morales de los seres humanos; no debemos exigirles tal cosa porque, aunque dotados de poderes mágicos, siempre están en desventaja frente a la raza humana que ha poblado montes, cuevas, prados y les ha obligado a ocultarse en submundos que más parecen lugares de exilio que hogares.

Juegan porque es su esencia. Son dicharacheros, diligentes, temperamentales, curiosos. Les atraen los objetos brillantes y envidian la humanidad de los seres humanos. De ahí que busquen tener hijos con estos o bien, sustraerlos y dejar los suyos en trueque.

Rumpelstilskin es fiel a todas estas características y, cumplidor de su palabra, espera de la molinera un comportamiento semejante. Pero ésta, cuando se encuentra en el trance de tener que cumplir lo prometido, regatea, suplica, y  Rumpelstilskin se COMPADECE.

Para mí esta es la única virtud que podemos extraer de este cuento: la compasión. El enano saltarín, desde su posición de superioridad moral, se apiada de ella y le ofrece una salida, un juego nuevo, convencido de que no puede perder.

La molinera desolada

Y así sería de no ser por la casualidad. Solo el azar priva a Rumpelstilskin del tesoro que mercó con su trabajo hilando oro de la paja.

Por hacer algo de justicia

Así que yo decido dibujar un Rumpelstilskin por encima del nivel de la molinera, sonriente, divertido y empoderado. Ofreciéndose como lo que es: un duende, ni más ni menos. Y una molinera acongojada e inerme que espera una solución que le caiga del cielo ( o en este caso, de un mundo fantástico con el que no cuenta). 

Rumpelstilskin

A veces, nosotros, los humanos incapaces e incompetentes, también esperamos de un mundo mágico una solución inesperada que nos venga como anillo al dedo. Y cuando esto ocurre, nunca debemos olvidar que le debemos un prenda al duende saltarín que nos salvó.

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